RESILENCIA
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Enséñele a su Hijo a Sobreponerse a los Problemas y Dificultades (Resilencia)
 

Traducido del artículo "Teach Your Child to Bounce Back", de Reader´s Digest, marzo 1999.

 
(El término resiliencia se refiere originalmente en ingeniería a la capacidad de un material para adquirir su forma inicial después de someterse a una presión que lo deforme. Al hablar de resiliencia humana se afirma que es la capacidad de un individuo o de un sistema social de vivir bien y desarrollarse positivamente, a pesar de las difíciles condiciones de vida y más aún, de salir fortalecidos y ser transformados por ellas).
 

Cuando terminó la ceremonia de premiación de una actividad de mi hijo menor, su hermanito mayor, de siete años, Gus, estaba prácticamente llorando. El grupo de su hermano menor había ganado varios premios, incluyendo el premio principal. El grupo de Gus había recibido únicamente un premio pequeño.

Mientras los otros muchachos que habían ganado algún premio estaban celebrándolo, mi hijo estaba sentado mirando al piso. Así que hice lo que cualquier madre que quiere ver a su hijo feliz haría: le dí un abrazo y le murmuré "Esos premios tontos no significan nada".

Mi intención era buena, pero resulta que la forma de tratar el asunto fue incorrecta. "Tratar de hacer que un niño se sienta mejor después de una decepción diciéndole ´No importa raras veces ayuda", dice Lewis P. Lipsitt, profesor de Psicología en Brown University. "Esto hace que el niño se sienta mal por desear lo que desea. Además, no le enseña a manejar las malas noticias".

Y esa, dicen los expertos, puede ser la habilidad más importante que usted pueda enseñarle a su hijo. Los estudios muestran que la resilencia – la habilidad de ponerse de nuevo de pie cuando suceden cosas malas - es lo que diferencia a los niños que florecen de los que se hunden en situaciones de stress, no importa si se trata de una mala calificación o de algo más serio, como una muerte o un divorcio.

"Hay muchas cosas que un padre puede hacer para fomentar la capacidad de ser resilente en un niño", dice Ann Masten, profesora de Psicología Infantil de la Universidad de Minnesotta. A continuación les damos algunas sugerencias de los expertos.

Recuérdele a su hijo que las cosas malas no duran para siempre. Puede sonar sencillo, pero el mensaje es crucial. "Los niños frecuentemente no tienen la experiencia como para saber que cuando algo malo sucede - perder un juego importante, o si su mejor amigo lo trata mal - no es el final del mundo", explica Nancy Leffert, una de los investigadores científicos principales del Instituto de Investigación de Minneapolis, que se dedica a la investigación en niños y adolescentes. "ellos creen que los sentimientos negativos durarán para siempre, o que un fracaso arruinará todo".

Desafortunadamente, ese tipo de pensamiento disminuye la motivación. "Si un niño cree que la causa de su aflicción es permanente, o que nada de lo que haga solucionará la situación, disminuirá su habilidad para seguir luchando", dice Dorothy Rich, presidente del Centro Educativo MegaSkills. Si usted – siempre que le sea posible - ayuda a su hijo a ver que cierta situación es temporal ("Perdiste hoy, pero puedes intentarlo de nuevo mañana"), que un resultado puede ser cambiado ("Si llamas a María y te disculpas, no seguirá enojada contigo"), o que una opinión no refleja la realidad completa ("Eso puede ser lo que piensa el Sr. Benson, pero yo lo veo diferente"), le dará razones para esperar - y perseverar.

Un caso para ilustrar este punto: "Cuando mi hija Cathy tenía ocho años, Arte era una de sus materias favoritas", dice Beth, una madre de dos hijos. "Luego, tuvo una maestra de arte que felicitaba mucho a un solo alumno y apenas ponía atención al resto. Cathy estaba a punto de darse por vencida, hasta que yo le expliqué: 'Nunca dejes de hacer tu mejor esfuerzo solamente porque una persona no te da crédito'". Beth tuvo que repetir el consejo frecuentemente, pero eventualmente su hija recibió el mensaje. "Cathy tiene 12 años ahora, y Arte sigue siendo una de sus materias favoritas".

Promueva la resolución de problemas. La investigación acerca de la resilencia muestra la importancia de las habilidades para resolver problemas. La razón es simple: la acción es el mejor antídoto para no sentirse indefenso. Un niño que está triste porque no logró ser elegido para la banda del colegio, por ejemplo, se recuperará más rápido si se pone a pensar en una forma de mejorar sus habilidades.

Los jóvenes desarrollan una actitud de "sí puedo" principalmente a través de la práctica activa. Así que cada vez que le sea posible, anime a su hijo a encontrar su propia solución. "La mayoría de los padres desean proteger a sus hijos de la tristeza y el estrés", dice Rich. "Así que cuando surge un problema, saltan de inmediato a resolverlo sin darle al niño la oportunidad de descubrir que él tiene el poder de hacer la diferencia".

Eso es lo que mi hijo Gus aprendió este año cuando nos trasladamos a vivir a otra ciudad. Poco después del traslado, lo encontré llorando porque extrañaba a sus amigos. "Sé que te sientes triste", le dije, "pero ¿hay algo que se te ocurra que puedas hacer para sentirte mejor?" Después de pensar por un momento, me preguntó que si podía hacer una llamada de larga distancia a su mejor amigo.

La conversación duró solamente cinco minutos, pero el estado de ánimo de Gus mejoró inmediatamente. El año siguiente, cuando nos trasladamos a Nueva York, preguntó que si podía llamar a uno de sus mejores amigos antes de sentirse solitario.

Sepa cuando intervenir. No todos los problemas se resuelven así de fácil, por supuesto. En algunos casos usted debe ofrecer más guía, como Beth aprendió con su hija mayor. "Cuando Sarah tenía 11 años, empezó el año escolar con un grupo de amigas que estaban empezando a interesarse en los muchachos", dice Beth. "Sara estaba concentrada en obtener buenas calificaciones. Ellas empezaron a molestarla, y Sara comenzó a sentirse herida y confundida. Ella me contaba lo que sus amigas le habían dicho, y se preguntaba que si tenían razón.".

Al principio, Beth solamente escuchaba. Luego se dio cuenta de que su hija necesitaba alejarse del grupo. "La animé a que encontrara niñas que estuvieran interesadas en las mismas cosas que ella. Hasta discutimos estrategias para conocer otras niñas." Eventualmente Sarah encontró nuevas amigas. Beth dice: "No estoy segura de que hubiera funcionado si Sarah no se hubiera sentido animada a pedir mi ayuda."

La mejor manera de desarrollar esa clase de confianza es mostrar apoyo cuando su hijo haga preguntas. Muy a menudo una pequeña muestra de apoyo- "Cuando yo tenía tu edad, eso me sucedía, y lo que hacía es..." - es todo lo que se necesita para lanzar a un niño al triunfo.

Establezca límites razonables. La forma en que usted discipline su niño también tiene impacto. Las investigaciones muestran que los niños con padres que ponen reglas justas, dan razones claras para sus reglas y las ponen en práctica consistentemente terminan teniendo una motivación mayor, mejores habilidades sociales y más confianza en sí mismos que los niños cuyos padres son o muy débiles en cuanto a sus normas o demasiado autoritarios.

"Los niños necesitan orientación por parte de adultos," dice Lurence Steinberg, profesor de psicología en la Universidad Temple. "Pero si usted les da demasiada guía - y termina controlándolos- no aprenderán a pensar por sí mismos en situaciones difíciles".

Es de ayuda asignarle a su hijo tareas domésticas, como limpiar su habitación, poner la mesa o sacar la basura. "Hacer a un niño responsable de algunas tareas construye su independencia, competencia y confianza en sí mismo".

Resalte los logros. Los niños exitosos tienden a recibir mucha alabanza, lo que promueve pensamientos resilentes como "No saqué una buena nota en el examen, pero soy el mejor bateador en el equipo de baseball", y "Si yo puedo subirme a un escenario y tocar el violín enfrente de extraños, seguramente puedo lanzarme para ser el presidente de la clase". Todos los niños pueden aprender a pensar así si se les da la oportunidad de descubrir para qué son buenos.

"Las actividades extracurriculares, los hobbies, deportes y aún el trabajo de la escuela ayudan a los niños a aprender acerca de su propio propósito, valor y posibilidades", explica Leffert. Otra razón para entusiasmar a los niños a que se esfuercen es que así aprenden a relacionar el éxito con el trabajo duro. "Cuando un niño trabaja para aprender a pegarle a una pelota de baseball, tocar un instrumento o entender un juego de computadora y finalmente se vuelve experto en ello, tiene una sensación de logro increíble", dice Masten. "También aprende que aún cuando piensa que no puede hacer algo, si sigue intentando y practicando puede tener éxito."

Eso es lo que le sucedió a un niño de diez años en California: “Cuando mi hijo empezó a jugar basketball y se dio cuenta de que era el peor del equipo, quería renunciar", dice su mamá. "Pero su papá y yo le dijimos que tenía que terminar la temporada. El entrenador no lo dejó darse por vencido tampoco. El siguió poniendo a mi hijo a jugar y animándolo a que intentara."

El niño finalmente metió una canasta en el último juego. "Debieron haber visto lo orgulloso que estaba", dice su mamá. "Ahora comprende que no habría tenido esa experiencia si no hubiera seguido intentando."

 
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